No hay un programa fijo al que te tengas que adaptar. Hay un método para armar, con vos, el plan que te corresponde. Así funciona por dentro.
Antes de la primera clase hay una conversación. Queremos saber tres cosas: qué sabés de verdad (no qué deberías saber según el programa), qué te traba —a veces es un tema puntual, a veces es cómo te llevás con la materia— y cómo estudiás hoy: cuánto tiempo tenés, cómo tomás notas, qué probaste antes.
De ahí sale el punto de partida real. Sin ese diagnóstico, cualquier plan es una receta genérica.
El plan tiene contenido, obvio. Pero el contenido solo no alcanza, porque si alcanzara, con ir a clase ya te iría bien. Por eso el plan también incluye:
Toma de notas, formas de repasar, cómo prepararte para una mesa. Herramientas que te quedan para todas las materias, no solo esta.
Un cronograma que arranca desde el tiempo que realmente tenés, no desde el que deberías tener.
Si una materia te genera rechazo, eso se trabaja. Armamos los ejemplos desde las cosas que te interesan a vos.
El plan no es un contrato: es una hipótesis. Cada clase nos dice si está funcionando. Si un enfoque no rinde, se cambia el enfoque, no se te pide que le pongas más ganas. Por eso ninguna clase de Polaris se parece a la anterior: cada una arranca desde lo que pasó en la anterior.
Vos y tu tutor. El ritmo lo marca tu diagnóstico. Presencial en Neuquén o por videollamada.
Pocos alumnos con objetivos parecidos. Lo grupal ayuda cuando el problema es la constancia.
Cursos de temporada con fecha de examen a la vista: mesas de diciembre y febrero, e ingreso. Cronograma cerrado y simulacros de mesa.
Cuál te conviene no lo decidís a ciegas: sale de la reunión de diagnóstico.